HACK Nº1: MUÉVETE MÁS.

Que el ejercicio es beneficioso para la salud no es ninguna novedad. Parece que con esto no he descubierto América en un platu de fabes. Sin embargo, en una sociedad cada vez más sedentaria como la nuestra y con muy diversos perfiles de actividad, se hace difícil estimar cuánto movimiento y en qué condiciones debe darse para alcanzar un nivel suficiente para mantener nuestra salud.

Existen diversos estudios e investigaciones que confirman la mejora de los biomarcadores de riesgo cardiometabólico, la mejora global de la salud cardiovascular y la longevidad y de la composición corporal y la reducción de la obesidad, a través del aumento del NEAT (Non-Exercise Activity Thermogenesis). En cristiano: la energía que gastamos en todo lo que hacemos que no sea dormir, comer o hacer ejercicio deportivo (caminar hasta el trabajo, arreglar el jardín, hacer la compra e, incluso, estar inquieto).

Por lo tanto, no se me ocurre mejor consejo y más sencillo para estas fechas navideñas y tras tantos meses de reducida movilidad y distanciamiento social, que caminar más.

  • El clásico: aparcar un poquito más lejos (o directamente desplazarnos en bici o andando) y usar más las escaleras.
  • Versión P.P.(#polvoronesypandemias): trasladar la sobremesa al exterior. Teniendo en cuenta que no podremos compartir mesa con todos los que nos gustaría y que, además, las actividades en el exterior (haciendo uso de la mascarilla, evidentemente) son las que menos riesgo de contagio presentan, podemos aprovechar la sobremesa para dar un paseo y disfrutar de la compañía de los que no pudieron comer con nosotros o de nuestros amigos.

Pero, ¿cuánto debemos caminar? Según la evidencia científica, los valores mínimos pueden estar entre 4.000 y 18.000 pasos/día (dependiendo del contexto del sujeto) y parece que 10.000 pasos/día es un objetivo razonable, siendo éstos con una cadencia e intensidad de entre 64-170 pasos/minuto. Por lo tanto, si llevamos un ritmo medio de 100 pasos/minuto (intensidad moderada), serán suficientes 40 minutos para cumplir el mínimo establecido. Además, podemos dividir la actividad en intervalos, siempre y cuando sean de al menos 10 minutos de duración, e ir aumentando nuestros pasos paulatinamente.

A modo de resumen:

Escala de pasos/día en relación al tiempo invertido en MVPA (moderate to vigorous physical activity). Fuente: https://ijbnpa.biomedcentral.com/articles/10.1186/1479-5868-8-79/figures/1

REFERENCIAS:

Brierley ML, Chater AM, Smith LR, Bailey DP. The Effectiveness of Sedentary Behaviour Reduction Workplace Interventions on Cardiometabolic Risk Markers: A Systematic Review. Sports Med. 2019 Nov;49(11):1739-1767. doi: 10.1007/s40279-019-01168-9. PMID: 31429035.

Ekblom-Bak E, Ekblom B, Vikström M, de Faire U, Hellénius ML. The importance of non-exercise physical activity for cardiovascular health and longevity. Br J Sports Med. 2014 Feb;48(3):233-8. doi: 10.1136/bjsports-2012-092038. Epub 2013 Oct 28. PMID: 24167194.

Levine JA. Non-exercise activity thermogenesis (NEAT). Best Pract Res Clin Endocrinol Metab. 2002 Dec;16(4):679-702. doi: 10.1053/beem.2002.0227. PMID: 12468415.

Malaeb S, Perez-Leighton CE, Noble EE, Billington C. A “NEAT” Approach to Obesity Prevention in the Modern Work Environment. Workplace Health Saf. 2019 Mar;67(3):102-110. doi: 10.1177/2165079918790980. Epub 2018 Oct 29. PMID: 30370831.

Tudor-Locke C, Craig CL, Brown WJ, Clemes SA, De Cocker K, Giles-Corti B, Hatano Y, Inoue S, Matsudo SM, Mutrie N, Oppert JM, Rowe DA, Schmidt MD, Schofield GM, Spence JC, Teixeira PJ, Tully MA, Blair SN. How many steps/day are enough? For adults. Int J Behav Nutr Phys Act. 2011 Jul 28;8:79. doi: 10.1186/1479-5868-8-79. PMID: 21798015; PMCID: PMC3197470.

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Un grupo de investigadores británico elabora una guía de suplementación de vitamina D frente al COVID-19 basada en la evidencia actual.

  • Se basan en un ensayo aleatorizado en pacientes COVID-19 hospitalizados en España.
  • Los ensayos aleatorizados controlados con placebo de vitamina D en la comunidad británica se completarán previsiblemente en la primavera de 2021.

La vitamina D es una hormona vital para el sistema inmune al actuar sobre la expresión de muchos de los genes de este sistema. A pesar de que la evidencia aún es circunstancial, es considerable la vinculación existente entre la deficiencia de esta vitamina con la sintomatología y gravedad desarrolladas en pacientes con COVID-19. Factores desencadenantes del déficit como la obesidad, la etnia, el género (masculino), la institucionalización y la localización geográfica (latitud y baja exposición ultravioleta) provocan mayor daño pulmonar en modelos experimentales y mayor gravedad de COVID-19 en pacientes hospitalizados, según el grupo de investigadores.

El déficit de vitamina D es muy frecuente en la sociedad actual y la falta de exposición solar provocada por el confinamiento podría agravarlo. Sin embargo, esta deficiencia puede ser fácilmente revertida con suplementación adecuada. Esta medida preventiva, además de segura, no representa grandes gastos ya que se trata de un suplemento relativamente barato. 

Para elaborar estas directrices de suplementación, el grupo, se ha basado en la evidencia científica existente tras analizar múltiples estudios que tienen en cuenta todos los factores anteriormente señalados y establecen las pautas apoyándose en:

  • Los niveles de vitamina D óptimos en sangre reportados por la Academia Nacional de Medicina de EE. UU. y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.
  • Los resultados positivos de un ensayo aleatorizado en pacientes hospitalizados con COVID-19 de España que recibieron dosis de 25-hidroxivitamina D3 (25 (OH) D3 o calcifediol). Este ensayo usó como criterio de valoración principal el ingreso en UCI que se requirió en solo 1/50 pacientes que recibieron vitamina D versus 13/26 que no la recibieron. El uso de calcifediol (que ya está 25-hidroxilado) es muy importante, ya que está disponible para su absorción por las células inmunes que poseen la 1-hidroxilasa necesaria para completar la activación, lo que mejoraría sustancialmente la disponibilidad de la vitamina al no necesitar la hidroxilación hepática.

Así pues, las recomendaciones de suplementación que realizan son las siguientes:

  1. Suplementación de vitamina D en 800-1000 UI / día para población general.
  2. Dosis más altas durante las primeras cuatro semanas (4000 UI / día) en adultos con probabilidad de tener deficiencia (residencias de ancianos, prisiones, pacientes con obesidad, hospitalizados y otras personas institucionalizadas).
  3. Control de niveles de vitamina D y / o suplementación en personas ingresadas en el hospital con COVID-19 y con otros virus respiratorios. La suplementación previa ha demostrado reducir el riesgo de infección un 2% y caer un 15% en personas con una deficiencia instaurada en ensayos ya finalizados. La gravedad de la infección se reduce considerablemente también.

Además, recomiendan la inclusión de un protocolo con dosis altas de calcifediol en el ensayo RECOVERY que, actualmente, está probando los siguientes tratamientos frente al COVID-19:

  • Dexametasona en dosis bajas (glucocorticoide; solo en niños por ahora).
  • Colchicina (antiinflamatorio de uso común)
  • Tocilizumab (antiinflamatorio administrado por inyección)
  • Plasma convaleciente (obtenido de donantes que se han recuperado de COVID-19 y contiene anticuerpos contra el virus SARS-CoV-2)
  • REGN-COV2 (combinación de anticuerpos monoclonales dirigidos contra coronavirus)
  • Aspirina (antiagregante plaquetario; comúnmente utilizada para evitar trombos).

Estos expertos insisten en la necesidad de trasladar a la población la importancia de esta hormona, no solo para la salud ósea y muscular, sino para la optimización de la salud inmunológica y determinan el carácter urgente de estas medidas teniendo en cuenta que el invierno se acerca y la exposición solar cada vez es menor. A pesar de que su ensayo no finalizará hasta primavera del próximo año, aseguran que la suplementación es beneficiosa y que “no hay nada que perder y potencialmente mucho que ganar”.

REFERENCIAS:

Griffin G, Hewison M, Hopkin J, Kenny R, Quinton R, Rhodes J, Subramanian S, Thickett D. (2020 ) Vitamin D and COVID-19: evidence and recommendations for supplementation. R. Soc. Open Sci. 7: 201912. https://doi.org/10.1098/rsos.201912 .

Randomised Evaluation of COVID-19 Therapy. (2020). Recovery Trial. Recuperado el 6 de diciembre de 2020 de https://www.recoverytrial.net .

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ACCESO AL CONOCIMIENTO Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA.

Conocimiento es, según la RAE, la “acción y efecto de conocer” y, por lo tanto, la capacidad del ser humano para “averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas”. Teniendo en cuenta que acceso es la acción de “poner cerca o a menor distancia de lugar o tiempo”, entenderemos el acceso al conocimiento como el acercamiento de este al ciudadano de la forma más abierta posible y, esto, en la era de la Sociedad de la Información y la Comunicación tendría que significar el completo derribo de las barreras, pero no lo es. ¿Por qué? O mejor, veamos primero lo que no es.

La famosa brecha digital. ¿Existe? Claro que existe, pero es, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2020), bastante pequeña y la tendencia es que cada año lo sea aún más. El 95,4% de los hogares españoles dispone de conexión a internet, el 93,2% han usado internet en los últimos 3 meses y el 91,3% lo hace al menos una vez por semana. Por lo tanto, el acceso a las fuentes de información y a la cultura no representa un problema para la mayoría de los ciudadanos y será, quizás, la dirección de los intereses de éstos la raíz enquistada de la situación o, al menos, una de ellas.

Me explico. El conocimiento no llega por ciencia infusa sino que, para llegar a éste, se hace necesario un interés por el individuo y la voluntariedad para aprender y entender. El conocimiento requiere esfuerzo, capacidad de interpretación y comprensión lectora y, como bien expliqué en el texto anterior Análisis crítico sobre el sistema estatal de comunicación científica, los últimos datos de PISA e informes similares no son muy halagüeños. Si unimos esta justísima aptitud de nuestros jóvenes en competencias básicas a la predominancia de los intereses en cuestiones más banales o superficiales de éstos y de la población general, se hace obvio que el problema no es el acceso a la cultura o, en nuestro caso, a la cultura científica, sino la falta de interés de la sociedad por ésta y, en última instancia, su comprensión. 

Según el Estudio Anual de Redes Sociales 2020 (IAB Spain, 2020), el 87% de los usuarios de internet entre 16 y 65 años es usuario de redes sociales y el uso que hacen de éstas es como entretenimiento (81%), medio de interacción social (77%) o de información (66%). Teniendo en cuenta que las cuentas más seguidas son de nuestro entorno más cercano (96%) o de influencers (56%), y que, los sectores más buscados son entretenimiento (50%), deportes (40%), viajes (39%) y alimentación (35%), la probabilidad de que la información final que le llegue al usuario sea de carácter divulgativo, científico y veraz, son muy reducidas.

Por lo tanto, sigo con mi alegato en defensa del cambio educativo como medio para el acercamiento de la población al conocimiento en general y a la ciencia en particular. Crear leyes educativas estables, que no se tambaleen con cada cambio de gobierno y que favorezcan la autonomía de los centros, así como aumentar el gasto público en educación, mejorar el nivel de formación del profesorado y no reducir los requisitos para conseguir el aprobado o la promoción de curso, son algunas de las estrategias que parecen más viables para conseguir la mejora educativa (Martínez García 2007). Introducir materias relacionadas con la vida cotidiana (nutrición, ecología, economía y finanzas, aplicación de las ciencias) y que sirvan para despertar el interés de los alumnos parece otra vía lógica para lograr mayor nivel cultural en la mayoría de la población e indirectamente aumentar su curiosidad y necesidad de mayor conocimiento.

Ahora vayámonos al otro lado de la balanza: las instituciones. Porque éstas tampoco están exentas de culpa. Si los ciudadanos no muestran interés es porque desde el lado científico y académico tampoco se lo están poniendo fácil. Tan sólo un 23,9% de los proyectos de investigación e innovación dispone de web, menos de un 15% tiene redes sociales y, únicamente el 3%, usa los medios para implicar a los ciudadanos. Las instituciones, además de no involucrar a la población en sus estudios, lo hacen de forma excesivamente técnica y de manera unidireccional (López-Pérez y Olvera-Lobo, 2018), por lo que el mensaje científico o no llega al público, o lo hace en código.

Si los beneficios de las nuevas tecnologías y las redes sociales son muchos (poco coste/inversión, mayor creatividad, gran poder de difusión, acercamiento entre los agentes implicados) y los inconvenientes pocos (emergencia de fake news y pseudociencias, necesidad de un público base amplio o followers para lograr impacto), ¿por qué no se logra ese acercamiento y la participación ciudadana en temas científicos? ¿Qué se puede hacer para salvar esta distancia?

Apoyándome en las estadísticas aportadas anteriormente sobre el uso (y abuso) de las redes sociales se me ocurren varias líneas (al margen de la mejora educativa necesaria y ya comentada):

  • Fomento de la creación de perfiles en las redes sociales de mayor uso (Twitter, Instagram Facebook). Igual que hay gabinetes de prensa que se encargan de la comunicación con los medios y los periodistas, se puede crear una figura de community manager especializada en estas plataformas que cree contenido a diario y conozca bien las estrategias para lograr mayor difusión y engagement. Así mismo, a través de estos medios se puede crear un canal de comunicación fluido y directo con el público que podrá expresar su apoyo, opinión o dudas.
  • Uso de los influencers como medio publicitario. Estas figuras representan el 56% de los seguimientos en redes y, por tanto, pueden ser un nexo con el resto del público y una manera de amplificar el mensaje. Hoy día hay influencers de todos los géneros y en todos los canales y formatos. Elegir personajes con un perfil afín a la rama científica y colaborar con ellos en la divulgación de contenidos científicos y la publicitación de las nuevas investigaciones parece sensato.
  • Mejor aprovechamiento de los medios audiovisuales. Youtube, Spotify, Voox, etc., usan el formato vídeo o podcast, ambos de gran aceptación entre el público, para difundir contenidos de todo tipo. En la era de la inmediatez y la facilidad donde lo queremos todo ya y si puede ser para llevar, estos medios podrían enganchar a público de todo tipo. Desde trabajadores y estudiantes en sus desplazamientos, hasta am@s de casa mientras limpian o cocinan. Cualquiera puede darle al play y aprender.
  • Usar todas las estrategias y plataformas mencionadas para dar a conocer lo que ya existe y ya se está haciendo: cursos gratuitos, exposiciones, museos, congresos, ponencias, webinars, etc.

Implicar a la población no es fácil porque hay muchos frentes abiertos y serios problemas de base, pero si no lo conseguimos con esta plétora de medios…¿Cuándo si no?

REFERENCIAS:

HERAS. A. (2020). Heras, A. (2020, 22 noviembre). ANÁLISIS CRÍTICO SOBRE EL SISTEMA ESTATAL DE COMUNICACIÓN CIENTÍFICA. Hérase una vez. https://heraseunavez.com/2020/11/22/analisis-critico-sobre-el-sistema-estatal-de-comunicacion-cientifica/

IAB Spain (2020, 18 junio). Presentación Estudio Redes Sociales 2020. IAB Spain. https://iabspain.es/presentacion-estudio-redes-sociales-2020/ . Consultado el 30 de noviembre de 2020.

INE (2020). Nivel y condiciones de vida (IPC) /Condiciones de vida /Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogares / Útimos datos. (2020). INE. https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&cid=1254736176741&menu=ultiDatos&idp=1254735976608 . Consultado el 30 de noviembre de 2020.

Martínez García, J.S. (2007). Fracaso escolar, clase social y política educativa. El Viejo Topo, ISSN 0210-2706, Nº 238, 2007, págs. 45-49. https://josamaga.webs.ull.es/fracaso-escolar-VT.pdf Consultado el 30 de noviembre de 2020.

López-Pérez, Lourdes; Olvera-Lobo, María-Dolores (2019). “Participación digital del público en la ciencia de excelencia española: análisis de los proyectos financiados por el European Research Council”. El profesional de la información, v. 28, n. 1, e280106. https://doi.org//10.3145/epi.2019.ene.06 

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.4 en línea]. https://dle.rae.es/acercar . Consultado el 30 de noviembre de 2020.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.4 en línea]. https://dle.rae.es/conocer . Consultado el 30 de noviembre de 2020.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.4 en línea]. https://dle.rae.es/conocimiento . Consultado el 30 de noviembre de 2020. 

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ANÁLISIS CRÍTICO SOBRE EL SISTEMA ESTATAL DE COMUNICACIÓN CIENTÍFICA.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Carta de Derechos y Libertades de la Unión Europea y la actual Constitución Española, recogen el derecho de todos los ciudadanos a gozar del progreso científico y una vida cultural próspera, así como la responsabilidad de los estados y sus instituciones para garantizar el acceso a la cultura y promover la ciencia y la investigación. Por lo tanto, serán las Administraciones Públicas (a través de sus Planes Estatales) las encargadas de fomentar la mejora de la cultura científica y tecnológica de la población a través de actividades dirigidas a la educación, formación, divulgación, investigación e innovación, tal y como especifica la Ley de la Ciencia de 2011.

En mi opinión, estas obligaciones del Estado con los ciudadanos españoles en cuanto a la cultura científica y tecnológica, aunque lógicas y necesarias, fallan en el cumplimiento y ejecución de sus objetivos por no disponer de una ley de educación y un sistema educativo acordes que puedan sustentarlo.

La educación es el pilar básico de cualquier actividad que se lleve a cabo en un país y, siguiendo el orden de jerarquía natural, si ésta falla, todos los elementos dependientes de ella se verán afectados. Esta íntima relación entre el estado de la educación de los países y el nivel de cultura científica de sus ciudadanos queda bien reflejada en el Estudio Internacional de Cultura Científica de la Fundación BBVA de 2012 que, además, guarda concordancia con los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Alumnos (PISA) de la OCDE y los datos sobre abandono escolar temprano de la oficina estadística comunitaria Eurostat.

Del análisis de estos estudios podemos extraer que los países y sectores poblacionales con peor o menor acceso a estudios superiores son aquellos que muestran menos interés por la cultura, la ciencia y la tecnología y que, aún en caso de mostrarlo, sienten que el nivel de información que reciben no es el adecuado. Además, el mismo estudio de la Fundación BBVA muestra el bajo porcentaje de asistencia del público general a museos, exposiciones, conferencias o charlas de temática científico-tecnológica y pone de manifiesto, bajo mi punto de vista, lo ineficaz que resulta la inversión de tiempo y recursos en el resto de cuestiones que aborda la Ley de la Ciencia (fomento de la divulgación, la investigación y la innovación; apoyo e incentivo a instituciones, museos y centros divulgativos; protección del patrimonio; etc.) si no se consigue que los ciudadanos alcancen el nivel mínimo de conocimientos y de interés necesarios para acceder a las actividades culturales que se les ofertan.

Del mismo modo, estos mismos ciudadanos escasamente formados y que usan como fuentes de información la televisión e internet, harán muy difícilmente zapping o click para acceder a contenidos relacionados con la ciencia y la tecnología y, en caso de que lo hagan, serán blanco perfecto para la desinformación y la manipulación. No olvidemos que solamente el 24,3% de los españoles (según las cifras del estudio de la Fundación BBVA) es consciente de que los antibióticos no son efectivos para tratar infecciones virícas y que ese 75,7% restante estará ahora mismo suspirando por una vacuna para frenar una pandemia, probablemente sin saber muy bien qué es exactamente o cómo funciona.

De seguir en esta línea educativa:

  • con un 17,3% actual de abandono escolar temprano (todo un logro para el 23,5% que arrastrábamos a la cabeza de Europa en 2013); 
  • el cambio constante de las leyes de educación que ofrecen poca o ninguna mejora en el nivel de enseñanza-aprendizaje y obedecen más a cuestiones políticas e ideológicas; 
  • y la existencia de una masa poblacional que se halla en los dos extremos del espectro en cuanto a conocimientos (estudios básicos o incompletos frente a estudios superiores, siendo el nivel intermedio menos habitual según datos del Informe Panorama del Ministerio de Educación y FP de 2019);

los objetivos del Sistema Estatal de Comunicación Científica seguirán siendo de difícil consecución y dirigidos, aunque no deliberadamente, a los sectores que ya disponen del bagaje cultural suficiente, el interés y la dedicación propios de su nivel educativo o de su profesión. Nos hallaremos, pues, ante una Comunicación de la Ciencia con capacidad para producir resultados y respuestas de forma individual o entre algunos sectores del público, dejando a un grupo mayoritario de la sociedad con un bajo nivel de alfabetización científica y aumentando la brecha cultural existente entre la población.

REFERENCIAS:

Constitución Española (1978). BOE, 29 de diciembre de 1978, núm. 311, pp. 29313 a 29424.

DeEpData. (2020, 25 septiembre).  España en la prueba PISA, en datos y gráficos. Recuperado el 22 de noviembre de 2020 de https://www.epdata.es/datos/espana-pisa-datos-graficos/484

Eurostat (2014, abril). Early leavers from education and training – Eurostat News Release. Recuperado el 22 de noviembre de 2020 de https://ec.europa.eu/eurostat/documents/2995521/5178598/3-11042014-AP-EN.PDF/4e01669e-2c2e-4c0e-a16b-487753183826

Eurostat. (2020, abril). Early leavers from education and training – Statistics Explained. Eurostat Statistics Explained. Recuperado el 22 de noviembre de 2020 de https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Early_leavers_from_education_and_training

Fundación BBVA (2012, mayo). Estudio Internacional de Cultura Científica. Recuperado el 22 de noviembre de 2020 de https://www.fbbva.es/wp-content/uploads/2017/05/dat/comprension.pdf

Ley 14/2011, de 1 de junio, de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. BOE num. 131, de 2 de junio de 2011. Referencia: BOE-A-2011-9617.

Ministerio de Educación y FP (2019). Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE 2019. Recuperado el 22 de noviembre de 2020 de http://www.educacionyfp.gob.es/eu/dam/jcr:b8f3deec-3fda-4622-befb-386a4681b299/panorama%20de%20la%20educación%202019.pdf

ONU, Asamblea General (1948). Declaración Universal de Derechos Humanos, 10 Diciembre 1948, 217 A (III), Recuperado el 22 de noviembre de 2020 de https://www.refworld.org.es/docid/47a080e32.html  

Unión Europea (26 Octubre 2012). Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, Recuperado el 22 de noviembre de 2020 de https://www.europarl.europa.eu/charter/pdf/text_es.pdf

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