EPISTEMOLOGÍA FEMINISTA.

El cambio – en la vida, en la ciencia y en la filosofía – surge no solo del propio avance del conocimiento, sino de todas las variaciones que se van sucediendo en las sociedades: cognoscitivas, afectivas y conductuales. En este sentido, cabe reconocer que el contexto histórico tiene influencia directa tanto en la manera en que filósofos/as y científicos/as han ido desarrollando sus métodos, teorías y conceptos, como en la validez y la aceptación de todo ello por el público general y la comunidad científica en particular y, también, en el reconocimiento y el peso que estas figuras han tenido en sus respectivas épocas y en las épocas posteriores.

Por este motivo se hace interesante el debate feminista dentro del ámbito científico y filosófico, ya que, como explica Eulalia Pérez Sedeño, se podría (y se debe) cuestionar el propio conocimiento científico y su poder, en tanto que éste ha estado empapado por la preponderancia de la perspectiva histórico-socio-institucional del género masculino.

La crítica de la ciencia feminista, según la filósofa Elizabeth Anderson, se originó en las críticas que biólogas, psicólogas y otras científicas en activo hicieron de los prejuicios y prácticas androcéntricas y sexistas en sus propias disciplinas, especialmente de las teorías sobre las mujeres y las diferencias de género que legitiman las prácticas sexistas. Esta crítica de la ciencia desde el feminismo incluye varios tipos de investigación:

  1. Estudios sobre cómo el progreso científico se ve perjudicado por la marginación de las mujeres científicas.
  2. Estudios sobre cómo las aplicaciones de la ciencia en la tecnología ponen en desventaja a las mujeres y otros grupos vulnerables y devalúan sus intereses.
  3. Estudios sobre cómo la ciencia ha ignorado a las mujeres y el género, y cómo la atención de estos problemas puede necesitar que las teorías aceptadas sean revisadas.
  4. Estudios sobre cómo los sesgos hacia el trabajo con estilos cognitivos “masculinos” en oposición a los modelos “femeninos” han deteriorado la comprensión científica.
  5. Estudios de cómo la investigación en las diferencias sexuales que refuerzan los estereotipos sexuales y las prácticas sexistas no siguen los estándares de la buena ciencia.

La doctora e historiadora Teresa Ortiz Gómez dice que el feminismo tiene un enorme poder social: genera interés político en busca del reconocimiento y la visibilidad de la mujer y tiene, a su vez, repercusiones en los campos de la ciencia y la filosofía. Estos campos actúan como instrumentos sociales e intelectuales con capacidad para cambiar el mundo y generar conocimiento y prácticas útiles para las mujeres. Así es cómo la puesta en práctica de las políticas del feminismo hizo posible el acceso paulatino de las mujeres a espacios (académicos y científicos) históricamente masculinos. 

A partir de la década de los 60 comenzaron a crearse grupos de investigadoras feministas para criticar y transformar la ciencia desde perspectivas no sexistas y alrededor de los años 80 la crítica feminista incorpora el concepto de género al análisis Género y Ciencia.

Pero, ¿qué es el género? El concepto de género, esencial para el debate feminista, representa una construcción cultural en la que intervienen factores sociales, políticos y económicos, y conlleva reflexiones sobre la necesidad de hacer o no hacer una distinción entre género y sexo y sobre si la forma de pensar y actuar es diferente para hombre y mujeres, distinguiendo filosofías, éticas y ciencias femeninas y masculinas.

Los estudios feministas en el campo de la ciencia se agrupan tradicionalmente en tres áreas diferentes: la histórico-sociológica, la pedagógica y la epistemológica.

  • La primera, histórico-sociológica, estudia las aportaciones de las mujeres en los campos de la ciencia (genealogía femenina, en palabras de Ortiz Gómez) y la tecnología y las barreras socio-institucionales que, históricamente, han obstaculizado el acceso femenino a éstos, analizando formas encubiertas de discriminación.
  • La segunda área, pedagógica, intenta contrarrestar la falta de presencia femenina en la ciencia y la tecnología, aplicando soluciones para aumentarla a través de la eliminación de sesgos de género en la educación desde el inicio de la infancia y con el fomento del interés de las niñas por la ciencia. Además, se promueve la creación de redes y organizaciones de mujeres científicas para la defensa de sus intereses.
  • La tercera, la epistemológica, surge de las diferentes posturas teóricas comentadas anteriormente sobre la conceptualización del género y crea 3 enfoques distintos y bastante opuestos entre sí, aunque complementarios: el empirismo feminista, el standpoint o feminismo del punto de vista y el feminismo postmodernista. Esta división epistemológica de los enfoques feministas lo podemos ver en obras de Sandra Harding.

ENFOQUES DE LA EPISTEMOLOGÍA FEMINISTA

El empirismo feminista sostiene que en las ciencias sociales y biológicas hay un sexismo y dominio masculino que se debe a los sesgos que hay dentro de la propia creación científica (en la identificación y definición de los temas de estudio, en el diseño de la investigación y la recogida e interpretación de datos) y que son fruto de los prejuicios de género. Este enfoque es bastante conservador porque solo cuestiona las incorrecciones del método científico que llevan a sesgos androcentristas y pretende diagnosticarlas y atajarlas para crear perspectivas más amplias del mundo y la sociedad, contribuyendo de esta manera a que la participación de la mujer en la ciencia sea en igualdad de condiciones. El empirismo feminista produciría, por lo tanto, un cono­cimiento más verdadero o menos falso que el tradicional.

El standpoint o feminismo del punto de vista sostiene que la perspectiva de la mujer, como miembro de un grupo oprimido, puede aportar una visión única y especialmente valiosa para la construcción del mundo científico. No se trata solo de incluir en la investigación a las mujeres, sino de partir de su experiencia para diseñarla y llevarla a cabo. Esta teoría ha cuestionado muy sólidamente la objetividad y el concepto de la ciencia como libre de valores. Harding (en palabras de Ortiz Gómez), establece un relativismo juicioso o un conocimiento socialmente situado: una objetividad feminista, que permita un conocimiento responsable, parcial, localizado y crítico y elimine la simpleza social y metodológica del discurso científico clásico en búsqueda de la verdad.

El feminismo postmodernista, posee elementos comunes a las dos orientaciones anteriores, pero mantiene que no existe una manera de pensar única de la mujer. Los postmodernistas afirman que lo que pensamos como realidad está construido discursivamente y, en consecuencia, nada tendría un significado fijo a lo largo del tiempo. Por lo tanto, este enfoque feminista sostiene que no hay un modelo de mujer sino una variedad de ellos, fruto de la infinidad de contextos sociales, étnicos, conductuales, económicos, sexuales, etc., que van surgiendo con el paso del tiempo y el cambio constante de las sociedades. Existirían, entonces, diferentes puntos de vista, en contraposición al enfoque inicial del standpoint feminism. Según Anderson, la afirmación de cualquier teoría en particular es un ejercicio de poder porque se excluyen ciertas posibilidades del pensamiento y se autorizan otras. En este sentido, las afirmaciones postmodernistas de que los objetos están construidos discursiva o socialmente afirmarían una especie de nominalismo: el mundo no dicta las categorías que usamos para describirlo sino que tenemos disponibles innumerables formas incompatibles de clasificar el mundo. La selección de cualquier teoría es una elección que no puede justificarse apelando a la verdad o realidad objetiva.

Las ideas feministas postmodernistas se despliegan contra teorías que pretenden justificar prácticas sexistas: ideologías que afirman que las diferencias observadas entre hombres y mujeres son naturales y necesarias, o que las mujeres tienen una esencia que explica y justifica su subordinación. Sin embargo, el postmodernismo ha figurado de manera más prominente en las críticas internas de las teorías feministas, exponiendo y respondiendo a tendencias excluyentes dentro del propio feminismo (mujeres de color, lesbianas). Sin embargo, esta oposición total a las generalizaciones amplias sobre las mujeres que realizan desde el postmodernismo, puede impedir el análisis crítico de las fuerzas sociales a gran escala que afectan a las mujeres. El hecho de que las mujeres experimenten el sexismo de manera diferente no implica que no tengan nada en común, pues siguen sufriendo sexismo.

CRÍTICAS A LA EPISTEMOLOGÍA FEMINISTA.

La epistemología feminista ha sufrido críticas no solo entre los diferentes enfoques epistemológicos antes descritos, sino desde fuentes externas que han argumentado que todo el programa de investigación es defectuoso.

Autoras como Susan Haack, Cassandra Pinnick, Noretta Koertge y Robert Almeder (citadas por Anderson), critican la corrupción de la búsqueda de la verdad por parte de la epistemología feminista al confundir los hechos con los valores e imponer restricciones políticas a las conclusiones que acepta. La perspectiva feminista, según estas autoras, censura las verdades inconvenientes y promueve puntos de vista falsos porque apoya la causa feminista. Los críticos también acusan de cinismo sobre la ciencia, afirmando que la rechazan como una cruda imposición del poder patriarcal e imperialista. Se acusa a las feministas de sostener que, puesto que todos los demás están inmersos en un cínico juego de poder, ellas también pueden unirse a la batalla y tratar de imponer sus creencias a todos los demás. Además, los críticos señalan la aceptación por parte de la epistemología feminista de los estereotipos tradicionalmente infundados sobre el pensamiento de las mujeres (intuitivo, holístico, emocional, etc.) y alegan que esta valorización de las formas de pensamiento “femeninas” puede atrapar a las mujeres en los roles de género tradicionales y ayudar a justificar el patriarcado.

Otras posturas críticas, como la de Linda Alcoff y Elizabeth Potter, reflejan que si la epistemología se define como una teoría del conocimiento en general, la epistemología feminista, que se refiere a las experiencias de las mujeres, es un oxímoron, ya que se centra en la particularidad de las mujeres en lugar de la generalidad de los seres humanos. Y, en efecto, cuando las feministas empezaron a contribuir a la epistemología, fueron criticadas por no hacer epistemología, tal y como ha sido definida históricamente.

Las defensoras de la epistemología feminista responden que estas críticas dependen de una interpretación errónea del programa de investigación feminista y que están atacando una versión obsoleta de la misma que fue breve (inicios de los 80), además de controvertida. Las feministas no rechazan la objetividad y la ciencia, sino que buscan mejorarla corrigiendo los sesgos sexistas y androcéntricos de la investigación científica, y promoviendo la crítica de la investigación desde todos los puntos de vista. Tampoco niegan que la ciencia descubra verdades: su queja es que ofrece una visión parcial del mundo orientada principalmente a descubrir aquellas verdades que sirven a los intereses humanos particulares de las jerarquías sociales actuales. Señalan que, aunque los hechos y los valores están entrelazados, la atención a los valores no desplaza ni compite con la atención a las pruebas.

Según los trabajos de Anderson, el futuro de la epistemología feminista surgirá del desarrollo de las investigaciones actuales en el campo, esperando un compromiso entre críticos y defensoras.

REFERENCIAS:

Alcoff, L. M., & Potter, E. (1992). Feminist Epistemologies (1.a ed.). Routledge.

Anderson, Elizabeth, “Feminist Epistemology and Philosophy of Science”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2019 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = <https://plato.stanford.edu/archives/sum2019/entries/feminism-epistemology/&gt;.

Harding, S. (1987). ¿ Existe un método feminista? Traducción de Gloria Elena Bernal. Edición original en inglés, Is There a Feminist Method? https://www.uvirtualjaveriana.co/lmscontent/MECL/semestre-1/seminario/assets/documentos/pdf/metodo.pdf

Ortiz Gómez, T. (1997). Feminismo, mujeres y ciencia. En Alcázar, F. J. R., Doménech, R. M. M., & Cazorla, J. A. S. (1997). Ciencia, tecnología y sociedad. Universidad de Granada. ISBN 84-338-2370-1, pags. 185-202.

Ortiz Gómez, T. (1999). Género y ciencia. En Rodríguez, M. C., Higueras, L. R., & Universidad de Jaén. (1999). Mujer y ciencia. Universidad de Jaén. ISBN 8489869650, págs. 79-93.

Pérez Sedeño, E. (1995). Filosofía de la ciencia y feminismo: intersección y convergencia. https://digital.csic.es/bitstream/10261/8940/1/feminismo.pdf

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