CRUZ DE NAVAJAS

Una infidelidad y un hombre muerto. Sucesos a pie de calle.

Amor y odio son 2 afectos situados a pocas líneas de distancia en el espectro de las emociones. El amor es poderoso, pero cuando se torna en odio lo es más aún.

Charles Baudelaire dijo que el amor es un espantoso juego “en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo” y Don Jacinto Benavente que “más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor”. Los sucesos que hoy les relato bien podrían estar escritos por uno y dirigidos por el otro, pero me temo que, por desgracia, la realidad supera a la ficción.

Son las 6 de la mañana del viernes y María, mujer joven y trabajadora de unos grandes almacenes, ya ha dejado listas las labores domésticas, ha desayunado y ha abandonado su casa como cada día para ir a trabajar. En el portal se cruza con Mario, su pareja, que vuelve ojeroso y taciturno de su turno de noche tras la barra del bar.

Saludos que parecen murmullos. No hay besos, ni alegría. Tan solo el fétido olor a rutina que ha robado el aroma de un amor que hoy ya no es, pero un día lo fue.

Por la noche, María se mete en una cama fría y vacía. Preparada para hacer pausa, rebobinar y, en la mañana, volver a darle al play. Pero hoy se le ha enredado la cinta del vídeocasete. Los protagonistas, que no son dos sino tres, ya no volverán a interpretar el mismo papel. Mario ni siquiera volverá a ser.

El hombre sorprendió a su pareja en la calle, siéndole infiel con otra mujer. Tras una discusión y forcejeo, el hombre ha resultado muerto de un navajazo en el pecho.

Una redada policial antidrogas ha irrumpido en el bar, dando como consecuencia el final prematuro de la jornada laboral del joven. Es temprano y, en el camino a casa, éste sorprende a su pareja en la calle traicionándolo con una mujer. Magdalena, el tercer personaje del suceso, ha discutido con un enfurecido Mario y el forcejeo del trío ha finalizado con el hombre tendido en el suelo, con una herida en la frente y atravesado de un navajazo en el pecho. Aunque los servicios de emergencia se presentaron rápidamente en el lugar de los hechos no pudieron hacer nada por salvar su vida.

María ha intentado encubrir a su amante, apuntando a unos conocidos drogadictos del barrio como los autores del crimen.

En un primer momento y con los periodistas en la escena del crimen, una destrozada y temblorosa María ha intentado encubrir el escabroso incidente y liberar a su amante de la culpa apuntando a unos conocidos drogadictos del barrio como los supuestos autores de tal atrocidad. “Yo estaba en el portal mientras ellos forcejeaban tratando de robarle la cartera. Él se resistió y entonces le apuñalaron“, ha manifestado ante las cámaras.

María y su amante han sido arrestadas por la policía en calidad de sospechosas, reconociendo lo sucedido tras pasar la noche en prisión.

Sin embargo, las pistas halladas por la policía han terminado por apuntar a María y su amante, quienes han sido arrestadas en calidad de sospechosas y han reconocido la verdad de lo sucedido tras pasar la noche en prisión. Un vecino del barrio, cuya identidad permanece en el anonimato, ha sido quien ha alertado a las autoridades de lo acontecido. “El testigo se asomó a la ventana a las 5 menos diez de la madrugada al oír gritos en la calle y vio cómo otra mujer salía corriendo del lugar“, nos ha contado el inspector al cargo de la investigación.

La consternación entre la gente del barrio es enorme. Una anciana nos cuenta que nunca los escucharon discutir y, los residentes de su edificio, que pocas veces veían a los integrantes de la pareja juntos, ni siquiera en las reuniones de la comunidad. “Llevaban vidas opuestas“, dice el presidente de propietarios. La cajera del supermercado más cercano dice que vio a las dos mujeres juntas en varias ocasiones “siempre a primera hora de la mañana o muy tarde, ya de noche” y reconoce que “son frecuentes las discusiones entre borrachos, camellos y yonquis” en el vecindario, por lo que la primera versión contada por María no le resultaba descabellada.

Una relación quebrada por la desgana y la soledad se ha cobrado, tristemente, la vida de un hombre. Un amor que dio paso al vacío emocional, éste a la infidelidad y, con ella, la ira desmedida. ¿Fue el odio o una mala fortuna? Nada sabemos de la intencionalidad de esa puñalada tan rápida como certera que, por lo que se cuenta, bien podía haber caído sobre cualquiera de los tres. Solo nos quedan las lágrimas de María y Magdalena: víctimas de los celos pero, a la vez, victimarias de una cruz de navajas.


Nota para el lector: Crónica ficticia elaborada a partir de la canción Cruz de Navajas de Mecano.

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